Avanzar hacia una legislación más robusta en materia de violencia digital no solo constituye un desafío, sino también una oportunidad histórica para garantizar el ejercicio pleno de los derechos humanos en los espacios virtuales.
Development (Demo)
Claudia Rodríguez Silva es una mujer trans, activista y escritora cuya palabra ha desbordado los márgenes de la literatura y del activismo, convirtiéndose en un gesto radical de existencia, memoria y disputa política.
Marta Cisterna creció en dictadura, observó la violencia siendo niña y escuchó – sin olvidarlo jamás – el sonido de los golpes en un cuerpo humano. Desde entonces, su trayectoria ha estado atravesada por la memoria, la dignidad y una convicción persistente: frente a la injusticia, no paralizarse, sino ocuparse.
A lo largo de su relato, la autonomía aparece como un principio irrenunciable. “La autonomía es el principio fundamental”, afirma, tanto en lo emocional como en lo económico.
La actividad cerró con un llamado a continuar generando espacios de diálogo ciudadano que permitan acercar la labor legislativa a las comunidades y avanzar en políticas públicas que garanticen igualdad y derechos.
La carta fue enviada a todos los partidos políticos del país, pero solo fue firmada por: Democracia Cristiana, Acción Humanista, Partido Demócratas, Partido Radical, Partido Por la Democracia, Partido Socialista, Partido Comunista y Frente Amplio.
El nuevo documento “35 años de luchas feministas: democracia, cuidados y derechos” ofrece una mirada profunda sobre las transformaciones del movimiento feminista en Chile desde 1990 hasta hoy.
Claudia Stange, académica de la Universidad de Chile, ha construido una trayectoria científica que cruza origen, género y conocimiento, mostrando cómo la biotecnología también puede pensarse desde la experiencia, el territorio y el compromiso público.
Se conversó respecto a las dificultades que atraviesan las mujeres para participar en política, como la falta de recursos, el tener que hacerse cargo de las tareas de cuidado y crianza, la falta de visibilidad y apoyo de los partidos, entre otras.
El feminismo ha transformado la política, la cultura y las instituciones. Pero la vida de las mujeres sigue marcada por desigualdades estructurales. Estamos hablando poco públicamente, y eso también es un síntoma. Es tiempo de volver a escribir, de levantar nuestras voces y de disputar sentido en el espacio público. No hay democracia sin nosotras, pero tampoco sin nuestras palabras.

