Claudia Rodríguez Silva fue una mujer trans, activista y escritora cuya palabra ha desbordado los márgenes de la literatura y del activismo, convirtiéndose en un gesto radical de existencia, memoria y disputa política.
La historia de una tía recordada por su sobrina
Para Akira, sobrina de Claudia Rodríguez Silva, su tía era “como una amiga más que nos recibió a todos. Súper amorosa, estaba atenta a todo; me presentó a mucha gente, me invitaba a sus charlas y nos regalaba maquillaje y libros. Cuando se enteró que también era mujer trans, fue más acogedora todavía”.
En un principio, la recuerda como una mujer distante de su familia, pero cercana a sus sobrinas. Hoy, en la memoria de una de ellas, Claudia Rodríguez Silva no solo es una referente del activismo trans y la escritura, sino también una presencia afectuosa que abrió espacios, vínculos y afectos.
Vida de Claudia Rodríguez: activismo y escritura
Nacida el 21 de marzo de 1968, en el Hospital Barros Luco en Santiago. Sus padres provenían de Lanco, una comuna ubicada en la Provincia de Valdivia, en la actual Región de Los Ríos. Empezó el colegio en 1973, finalizando la enseñanza media sin poder acceder a estudios superiores debido a la falta de recursos de su familia.
En 1991 comenzó a formar parte del Movimiento de Liberación Homosexual (Movilh) – en donde inició su activismo – y que posteriormente se convertiría en el Movimiento Unificado de Minorías Sexuales (MUMS). Además, participó del Centro Cultural Casal Lambda, en Barcelona, y la Colectiva Lésbica Travesti Feminista Paila Marina.
Su camino en la escritura comenzó a través de los fanzines. En 2010 recibió una beca del Fondo Nacional del Libro que estaba dirigida a escritores emergentes. Fue una de las fundadoras de la primera compañía de teatro travesti en el país y presentó obras como “Historias de travestis” en 2011 y “Cuerpos para odiar” en 2015. este último una adaptación del fanzines con el mismo nombre y escrito por ella. En 2016 publicó su primer libro llamado “Dramas pobres” y que fue creado a partir de lo que ella escribió.
Distanciamiento familiar y activismo
Akira recuerda a su tía desde la experiencia íntima. Relata que a los 15 años se enteró de que Claudia era una mujer trans y señala que, cuando era pequeña, no estaba muy presente en la vida de su sobrina: “no se acercaba a mí como por estigma”. Este vínculo cambió con el tiempo, cuando ella y sus primas crecieron y comenzaron a relacionarse más estrechamente con Claudia, “con mis primas nos enseñó a maquillarnos. Fue muy cálida”, recuerda.
En este sentido, Akira cuenta que, cuando Claudia se identificó como persona trans, su familia tuvo dificultades para aceptarlo, lo que generó un distanciamiento entre ellos. Esto llevó a que Rodríguez encontrara espacio de contención y pertenencia fuera del núcleo familiar. Sin embargo, “en los últimos tiempos fue acercándose más a la familia e integrándonos a todos”, dice.
Respecto a su activismo, ella recuerda una frase que Claudia solía decir “en estos tiempos, ser mujer trans ya nos hace activistas”. Explica que ese compromiso comenzó con su transición, y se intensificó cuando ingresó a la universidad. “Salió de la universidad, empezó a organizarse, a fundar organizaciones y a seguir con la lucha contra el VIH”.
Para Claudia, el activismo era una forma de sobrevivir. “Si se le quitaba el activismo, no era ella”, afirma Akira. Fue una de las primeras mujeres trans/travestis – y una de las más visibles – en ingresar a la universidad y habitarla abiertamente siendo como es: “siento que ella al ingresar a la universidad y hacer este cambio, obviamente abrió muchas puertas”, explica Akira.
Escritura, identidad y vida cotidiana
Claudia creció en una familia de artistas, algo que Akira reconoce como una influencia clave en su vida. Así, señala que ella escribía siempre, todo el día: “si se le ocurría algo, sacaba una nota o una libreta y empezaba a escribir”, cuenta. En momentos de inspiración, se concentraba por completo en la escritura y usaba las noches para el desarrollo de sus textos. “Ahora he encontrado muchos textos escritos a mano, muchas ideas, mucho de todo. Era una escritora empedernida y muy creativa”-
Sus textos abordaban su experiencia de vida, así como vivencias de amistades y la comunidad. Y su intención con estos libros es provocar un shock en las otras personas, “sus textos son muy crudos. Reflejan la realidad con palabras fuertes. Esperaba que estos chocara y que lograra un quiebre en esa persona”, explica.
Otro rasgo reconocible de Claudia era su forma de hablar. Akira recuerda especialmente los acentos al final de las palabras, asociados al origen familiar en Lanco: “tenía un acento igual marcadito. Tiene una frase también que ocupa mucho en referencia en algunos libros que es como el yapo, niña”.
Akira agrega que no había diferencias sustanciales entre la Claudia pública y la privada. “Siempre fue la misma”, pero hace una distinción, “no hablaba de las mismas cosas con la familia, pero siempre se mantenía con su mismo pensamiento. (…) Era fiel a ella misma”. En esta misma línea, recuerda que su tía sostenía con claridad sus posturas:: “Decía que si no la aceptaban, bueno, mala suerte para la familia”.
Cuando se sentía abrumada, Claudia recurría al dibujo y a la compañía de sus mascotas, dos perros, uno de ellos llamado Marylin. “Tenía muchas pinturas en su casa. Qué es lo que más rescato porque Igual me pasa a mí porque el dibujo me relaja mucho. Y su mascota, su mascota era un gran refugio”, sostiene Akira.
El recuerdo entrañable
Consultada sobre cómo le gustaría que su tía fuera recordada, Akira destaca que “como la mujer trans activista que fue. Es decir, no influyó solamente en Chile, porque daba charlas en España y Argentina, participó en organizaciones en Brasil y que su legado quede intacto como mujer trans activista y también como tía y una hermana genial”
Agrega que lo que más extraña en estos momentos es su voz: “su voz así como ella hablaba, se escuchaba a la siguiente cuadra. (…) Cuando ella leía un poema o un libro casi daban escalofríos cuando ella hablaba, por el sentimiento, por la intensidad del texto y el sentimiento que le daba ella con la voz.
Finalmente, Akira describe a su tía como una flor roja y como un monstruo. Esto, en el sentido de que “ella no hacía esta diferencia de mujer trans, de travesti, al final ella decía que todos somos monstruos”.
*Claudia Rodríguez Silva falleció el 29 de noviembre de 2025.
Por Sofía Esturillo Sáez

