Violeta Rodó: “Abrazar las contradicciones también es una forma de hacer política”
Entre el modelaje, la antropología y las conversaciones políticas en redes sociales, Violeta Rodó ha construido una voz propia que cruza cultura pop, activismo y pensamiento crítico. En esta entrevista conversa sobre identidad, exclusión, contradicciones y el momento político actual.
Modelaje, identidad y exclusión
¿Cómo iniciaste en el mundo del modelaje?
Uff, comencé hace ya más de siete años. En ese tiempo iba mucho a unos tecnos de la movida under que existían en esos años y que frecuentaban muches creativxs, entre elles personas que trabajaban en moda. Mucha gente me decía: “Deberías ser modelo”. Y empecé a pensar que quizás podía intentarlo, pese a que venía del mundo del activismo, que era totalmente distinto e incluso contrario; me generaba muchos conflictos.
Además, en esa época era muy raro que aceptaran chicas trans en las agencias. Finalmente, un estilista me invitó a participar en una editorial. Esas fotos las vio Felipe Correa, un agente de modelos, y me habló para entrar a mi primera agencia.
¿Cuáles han sido los principales desafíos que has enfrentado como mujer trans en el modelaje? ¿Consideras que difieren de los que viven las mujeres cis?
El modelaje me ha dado y quitado mucho. Cuando empecé llevaba poco tiempo de transición, así que mi carrera quedó muy ligada a ese proceso. Esta industria me otorgó la validación social de mi identidad que necesitaba en ese momento para atravesar un mundo súper hostil para las personas trans.
Pero también hay obstáculos enormes. Quienes dirigen el rubro en Chile —sobre todo el retail, donde están los trabajos que realmente podrían dar estabilidad económica— son transfóbicos. No conozco a ninguna modelo trans, que no sea una influencer grande, que pueda dedicarse al modelaje de forma sostenida o que la llamen constantemente para ecommerce, que es el trabajo que sostiene una carrera.
Más de alguna vez algún maquillador o estilista me ha dicho que había quedado seleccionada para algún proyecto y luego me bajaron cuando supieron que era trans.
Sí, hay dificultades que son distintas a las que enfrentan las modelos cis. Pero también compartimos otras: estar constantemente pendiente de la imagen, de la opinión de una industria que finalmente decide si tienes trabajo o no, es muy desgastante y genera ansiedad. Y cuando hay menos oportunidades para ti, la presión se vuelve aún mayor.
¿Cómo ves hoy la inclusión de personas trans en la industria del modelaje?
En Chile no siento que exista una integración real en el trabajo comercial. Salvo excepciones de personas que se dedican más al mundo influencer, la mayoría de las modelos trans trabaja exclusivamente en moda de autor o desfiles. Muchas de esas marcas han demostrado apoyo consistente a la comunidad, pero suelen ser proyectos que pagan muy poco o directamente no pagan.
También creo que muchas veces se instala la imagen de que el rubro es abierto porque nos invitan a eventos, campañas o desfiles, pero al momento de dar empleo real eso casi nunca ocurre.
Durante mucho tiempo tuve la sensación de que las cosas estaban avanzando y que lentamente se produciría un cambio. Pero con el auge del conservadurismo siento que eso se ha frenado. Hoy la mayoría de las campañas vuelven a responder a estándares muy tradicionales y hasta las modelos plus size tienen menos espacio.
Falta muchísimo para una inclusión real y no solo performativa.
Contradictories: habitar las grietas
Hablemos de Contradictories, esta serie de conversaciones con figuras públicas en Instagram. ¿Cómo nació la idea?
Contradictories nació de mis propias contradicciones. Después de dedicar mucho tiempo principalmente a mi carrera como modelo —y de volverme cada vez más ansiosa y autorreferente, si soy honesta— regresé de una temporada trabajando en París muy deprimida y cuestionándome muchas decisiones.
Decidí volver a la universidad y concentrarme casi por completo en mi tesis, estudiando cómo las modelos construyen su identidad. Empecé a leer mucha filosofía y apareció una gran disonancia entre lo que realmente estaba pensando sobre política, sociedad y género, y la imagen pública que había construido como modelo.
Además, sentía que, en un contexto cada vez más reaccionario, era necesario hablar y posicionarse. Pero no sabía cómo hacerlo sin negar una parte de mí.
Hasta que vi un podcast español llamado Bimboficadas, conducido por una lesbiana y una travesti muy ligadas a la moda, que hablaban de política desde ese lugar. Ese programa me voló la cabeza. Entendí que no tenía que renunciar a ninguna de mis facetas: la modelo y la activista podían convivir.
Inspirándome también en el formato de Subway Takes, surgió Contradictories como una plataforma de conversaciones políticas en formato corto.
Al final, esa es la invitación del proyecto: abrazar las propias grietas, entender que no somos lineales y que, justamente desde esas contradicciones, también podemos construir comunidad y hacer política.
¿Te gustaría llevar el proyecto a otros formatos?
Por ahora me gusta el formato “show de Instagram”. Siento que puede llegar de forma inmediata a muchas personas, pero al mismo tiempo obliga a detener el scroll y escuchar conversaciones más largas.
Sí me gustaría eventualmente hacer un podcast, pero Contradictories es un proyecto autogestionado y ya implica muchísimo trabajo. Quizás si en algún momento consigo financiamiento podría dar ese paso, pero por ahora estoy tranquila con el formato.
Antropología y conversación política
También eres antropóloga. ¿Actualmente ejerces o esa dimensión ha quedado en segundo plano?
Me encantaría trabajar como antropóloga de manera más tradicional; de hecho, estoy buscando trabajo. Recién defendí mi tesis en enero, así que me lo estoy tomando con calma, pero me gustaría mucho que ocurriera pronto.
También veo Contradictories como una plataforma profundamente antropológica e incluso como una forma de ejercer mi oficio. En el programa yo no impongo los temas: las personas llegan con sus opiniones controversiales. Al final termina siendo una especie de etnografía de lo que están viviendo y pensando las personas raras, alternativas, queer, neurodivergentes y todo el espectro FLINTA.
Solo que ocurre públicamente y queda disponible para dialogarlo colectivamente.
“Organizarnos y dialogar entre sectores”
¿Cómo crees que serán estos próximos años considerando el escenario político actual? ¿Qué mensaje te gustaría entregar a la comunidad?
Se vienen años difíciles, especialmente para las personas migrantes y trans, porque son los grupos que la extrema derecha suele utilizar como chivo expiatorio de muchos problemas sociales.
Pero también creo que esta reacción existe porque no han soportado los avances que hemos logrado. No toleran que las personas trans tengamos derechos, ni los cambios culturales que han impulsado el feminismo y otros movimientos sociales durante la última década.
Yo siempre pienso que hace no tantos años las posibilidades de vida para una mujer trans eran muchísimo más limitadas y hoy existen personas trans profesionales, modelos, académicas y en muchos otros espacios.
Por eso creo que no hay que desanimarse, sino organizarnos, conversar entre distintos sectores y construir solidaridades reales.
Me parece especialmente importante que las personas LGBTIQA+ defendamos también a las personas migrantes, racializadas y trabajadoras. Al final, quienes impulsan estas agendas conservadoras son una minoría muy poderosa, pero nosotres, organizades y siendo capaces de reconocer las vulneraciones de otres aunque no sean las propias, somos muches más.
*Por Catalina Guerra Bascuñán, pasante del área de comunicaciones de Corporación Humanas

