Por Teresa Valdés Echenique, Coordinadora del Observatorio de Género y Equidad
De acuerdo con el Censo de 2024, Chile tiene una población que supera los 20 millones, de ellos el 50,8% son mujeres. Desde los 43 años de edad las mujeres superan el 50% alcanzando al 69% en el tramo sobre los 90 años. Es decir, Chile se apoya fuertemente en las mujeres de edad adulta.
Con una historia que las excluyó y subordinó, sus luchas, especialmente en el periodo comprendido entre 1990 y 2025 lograron transformaciones profundas en los ámbitos político, social, económico y cultural, logrando que la igualdad de género se consolide como un valor democrático fundamental. Desde la obtención del derecho a voto, las mujeres han ensanchado la democracia. La implementación de cuotas de género (60/40) ha incrementado la presencia de mujeres en el Congreso, alcanzando un 33,5% en la Cámara de Diputadas y Diputados, y 32% en el Senado en 2026. La legislación ha aprobado sucesivamente políticas y programas destinados a mejorar su condición, a eliminar discriminaciones, a responder a necesidades específicas.
Las mujeres han aumentado su participación laboral del 36,4% en 1995 al 52,6% para 2025 y se ha visibilizado que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado representa el 25,6% del PIB, siendo las mujeres quienes aportan la mayor parte del mismo. Actualmente, encabezan el 48,6% de los hogares contribuyendo en gran medida a la reproducción social y al bienestar de las familias, pero expuestas a mayores precariedades y niveles de pobreza.
En efecto, persisten brechas profundas en el mercado laboral, en los tipos de inserción y en la brecha salarial que alcanza al 24,4% respecto de los hombres en su ocupación principal. Las tareas de cuidado son un nudo crítico para la participación laboral, ya que recaen de forma desproporcionada en las mujeres, que dejan el empleo o aceptan empleos precarios por ello. La investigación revela que las mujeres destinan diariamente, en promedio, sobre 2 horas más que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados. Además, el envejecimiento de la población junto a la baja fecundidad aumentan la demanda de cuidados para personas mayores.
Los dos primeros meses del gobierno de José Antonio Kast, el alza en los combustibles y su impacto en el costo de la vida, los recortes de programas sociales ya efectuados y los que se sugieren para el año 2027 son una mala noticia para las mujeres. El lugar que ocupan las mujeres en la sociedad, como madres y cuidadoras, como trabajadoras y sostenedoras del hogar, como estudiantes con proyectos de vida, como emprendedoras, etc. lleva a que todos los recortes anunciados afecten a las mujeres y, aunque se considere que no son “políticas de género”, sí lo son. Los programas sociales y los subsidios monetarios a los ingresos y calidad de vida, en especial de los hogares encabezados por mujeres, por su impacto son políticas de género.
Actualmente, la mayor cesantía y los menores salarios de las mujeres se traducen en mayor pobreza. El 18,6% de las mujeres vive bajo la línea de pobreza versus 16% de los hombres y 7,3% vive bajo la línea de extrema pobreza versus 6,4% de los hombres. El 20,8% de los hogares encabezados por mujeres viven bajo la línea de pobreza, el 8,5% en pobreza extrema, versus 13,4% y 5,5% de los hogares encabezados por hombres respectivamente (CASEN 2024).
Al mismo tiempo, los subsidios monetarios son de gran impacto en los hogares de menores ingresos. De acuerdo con la CASEN 2024, en el primer decil, los subsidios monetarios a través de programas sociales representan el 69,4% del ingreso monetario, en el segundo decil, un 25,1%, el 15,6% en el tercer decil, el 10,&% en el cuarto, y el 7,6% en el quinto. Es decir, afectar los programas sociales significará un deterioro en las condiciones de vida de las mujeres y en especial, en los hogares encabezados por ellas.
No debe extrañar que la evaluación que hacen las mujeres de las medidas implementadas por el gobierno y las anunciadas sea más crítica entre las mujeres encuestadas por Activa Research en Pulso Ciudadano la semana pasada. Sólo el 21,7% de las mujeres se declara partidario del gobierno, el 53% lo evalúa negativamente. Para ellas la delincuencia (42%), la inflación (32,6%) y la salud (26,9%) son los principales problemas del país.
Sólo el 26% considera que el gobierno va en una dirección correcta, mientras el 45% dice que va en una dirección incorrecta. Sólo el 19,9% considera que el país está avanzando, mientras el 36,3% considera que está en retroceso. Sólo el 10,4% considera que la situación del país es buena y 49% que es mala. El 52,8% considera que la situación del país es peor que el año anterior y sólo el 33,7% considera que el año próximo será mejor, el 43% señala que no le alcanza el dinero para llegar a fin de mes y el 54,1% piensa reducir sus gastos personales.
Sólo el 23,1% confía en que no se recortará los beneficios sociales mientras el 50,4% no confía en ello sucederá. El 91,1% considera que no se debe recortar el presupuesto en salud pública, el 84,1% considera que no se debe recortar el presupuesto en Educación, el 72,1% en Seguridad y fuerzas del orden y el 74% en subsidios sociales.
Es importante recordar que las mujeres mayores de 54 años constituyen el segmento social en que José Antonio Kast obtuvo el resultado electoral más bajo (sólo 47,1% votó por él), un sector que enfrenta mayor cesantía, mayor carga en las tareas de cuidado y elevadas necesidades en materias de pensiones y protección social.
*Imagen referencial realizada por IA

