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Mónica Maureira: una trayectoria marcada por la autonomía, el feminismo y los derechos humanos

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Mónica Maureira se define hoy como defensora de derechos humanos, periodista y activista política. No desde la militancia partidaria, aclara, sino desde una participación constante y crítica en el debate público. “No milito en ningún partido político, pero soy muy activa políticamente”, señala, diferenciando la política institucional de una práctica cotidiana de observación, cuestionamiento y posicionamiento frente al poder.

Cuando el feminismo se aprende desde los derechos humanos”.

Su forma de estar en el mundo, y en la política, se forjó temprano. Creció en un entorno familiar que describe como complejo, marcado por una fuerte presencia femenina. “Las mujeres estaban muy presentes: lideraban, tenían el poder, gestionaban las dificultades”, recuerda. Esa experiencia no solo moldeó su carácter, sino que incidió directamente en su trayectoria política y profesional. “Eso determinó no solamente mi forma de ser, sino también mi decisión política de preocuparme por las mujeres y trabajar por sus derechos.”

Aunque su conciencia feminista no surgió de un momento puntual, Maureira identifica un proceso claro de toma de conciencia durante su desarrollo profesional. La investigación de Colonia Dignidad aparece como un punto de inflexión. “Mi primera aproximación a la desigualdad fue investigando Colonia Dignidad”, afirma. Allí se enfrentó a la violencia sexual ejercida de forma sistemática y a relaciones de poder extremas. “No es solo desigualdad, es la desigualdad llevada al extremo”, sostiene, subrayando la misoginia y el desprecio que atraviesan esas prácticas.

Desde ese trabajo, su vínculo con las organizaciones feministas y de derechos humanos se fue profundizando. Una trayectoria que considera particularmente relevante porque conecta la violencia contra las mujeres con marcos jurídicos, políticos y éticos más amplios. Esa mirada ha marcado también su ejercicio del periodismo, al que concibe lejos de la neutralidad. Se basa en su experiencia en Colonia Dignidad, “era todo desigual, era terrible”, afirma.

Medios, autonomía y responsabilidad pública

En su análisis del rol de los medios, Maureira es categórica. Reconoce avances, como la instalación del concepto de feminicidio, pero advierte que el cambio es aún incompleto. “La muerte de mujeres no es un crimen pasional, tiene un nombre”, dice, aunque enfatiza que muchos medios siguen tratándolo como un hecho policial y no como una violación a los derechos humanos. Para ella, el problema no es solo de lenguaje, sino de responsabilidad social, política y cultural.

A lo largo de su relato, la autonomía aparece como un principio irrenunciable. “La autonomía es el principio fundamental”, afirma, tanto en lo emocional como en lo económico. La reconoce incluso como una tensión personal, llevada a veces al extremo, pero la asume como una condición de libertad. Junto a ella, destaca una ética laboral aprendida por observación, no por instrucción directa, y una crítica abierta a lo que percibe como una pérdida de cultura laboral y compromiso colectivo.

En su trayectoria más reciente, la responsabilidad institucional ocupa un lugar central. Su participación en instancias regionales vinculadas a la Convención de Belém do Pará refuerza su convicción de que la violencia contra las mujeres requiere respuestas estructurales. “La ley no funciona sola”, advierte, insistiendo en la necesidad de recursos, voluntad política y corresponsabilidad de actores privados. “Las empresas de internet también son corresponsables del derecho de las mujeres a vivir una vida libre de violencia”, sostiene, ampliando el marco tradicional de obligaciones del Estado.

El orgullo, el cuidado y lo aprendido en el camino.

Cuando reflexiona sobre el orgullo personal, su respuesta se aleja de los hitos públicos. “El momento en que más orgullosa me he sentido es cuando tuve a mi hija, a mi hijo, cuidarlos”, dice, situando el cuidado y la responsabilidad cotidiana como un eje tan relevante como cualquier logro profesional.

Mirando hacia atrás, Maureira no se detiene en arrepentimientos, pero sí en aprendizajes. A su versión más joven le diría, simplemente, “resiste”, y quizás le recomendaría viajar más y aprender inglés. No como una deuda personal, sino como una oportunidad que en su momento no estuvo en el horizonte. “Yo andaba pensando en juntar plata para pagar la luz”, recuerda, subrayando una trayectoria construida desde la necesidad, la autonomía y la persistencia.


*Por Sofía Esturillo Sáez