Una pregunta que surge hoy en reuniones, debates, chats y redes sociales es cuál debe ser la actitud y la respuesta feminista frente al escenario que estamos viviendo.
Mi respuesta es: la responsabilidad y la esperanza.
Responsabilidad porque estamos viviendo en un escenario político dominado por fuerzas de derecha sólo comparables a las que sustentaron la dictadura militar y sus políticas neoliberales de destrucción del Estado social, de negación de amplios sectores de la población y de sus organizaciones. No obstante, ello sucede hoy con un gobierno elegido democráticamente, con el 58,1% de los votos.
Responsabilidad frente a un Presidente con ideas marcadamente conservadoras, incluyendo el rechazo al aborto, la agenda de género y de la diversidad sexual; que da prioridad al orden y la autoridad, y en cuyo proyecto la seguridad aparece como un objetivo preeminente respecto de casi cualquier otro.
Un Presidente que no se lleva bien con la democracia liberal, tanto con sus instituciones como con sus formas, como ha señalado Carolina Tohá, exministra del Interior de Chile. Él mismo ha dicho que sus convicciones valóricas no han cambiado, que no ha renunciado a ellas, sino que están solamente postergadas. El Presidente Kast y el Partido Republicano defienden hasta hoy la dictadura de Pinochet, minimizan la relevancia de los derechos humanos y expresan su admiración por gobernantes abiertamente iliberales como Viktor Orbán, Nayib Bukele o Donald Trump.
Responsabilidad porque durante estos primeros meses hemos presenciado distintos intentos por poner en cuestión derechos conquistados por las mujeres, particularmente en materia de derechos sexuales y reproductivos. Algunas iniciativas han salido de la agenda, pero su instalación en el debate público da cuenta de sectores políticos dispuestos a retroceder en derechos. Las acciones en torno a la venta de misoprostol son también expresión de ello.
Responsabilidad porque el gobierno está recortando el presupuesto en políticas y programas, afectando con ello la vida cotidiana de miles de mujeres: en salud, educación, cultura, transportes y otros ámbitos.
También con esperanza
Porque sabemos que las mujeres mayores de 54 años constituyen el segmento social en que José Antonio Kast obtuvo el resultado electoral más bajo: sólo el 47,1% votó por él. Son mujeres que tienen memoria, que tienen historia.
Porque sabemos de los aportes del feminismo a la democracia. No sólo por una historia de lucha por el reconocimiento de los derechos de la mitad de la población y por conseguir la igualdad completa en lo económico, en lo social y en lo cultural. Una lucha que en los años 30 del siglo pasado se refería a la “emancipación de las mujeres”, que en los 80 gritó “Si la mujer no está, la democracia no va” y que exigió “Democracia en el país y en la casa”.
Es una historia que también se expresa en la gran cantidad de leyes, políticas públicas y programas destinados a reducir las brechas de género y a atender las necesidades de los grupos más vulnerables y precarizados entre las mujeres.
Porque presenciamos la conciencia de amplios sectores de mujeres, como grupo o colectivo humano, respecto de la opresión, dominación y explotación de que han sido y son objeto en la sociedad. Mujeres que rechazan la violencia por razones de género y que hoy mismo rechazan los ataques contra derechos consagrados.
Porque existe una cultura, una tradición de organización y una capacidad de articularse para luchar.
Porque existen la amistad y la sororidad, que hacen de los colectivos un refugio y un recurso.
La tarea de hoy, con responsabilidad y esperanza
Frente a este escenario, nuestra responsabilidad es reconocer los riesgos que conlleva la acción del gobierno y no distraernos analizando los matices que hay entre nosotras. Debemos estar conscientes de esta situación y actuar en consecuencia: defender las conquistas de las mujeres y de los sectores de la diversidad de género y sexual, defender los derechos humanos de los pueblos originarios y de la población migrante.
Hoy día la tarea es hacer política feminista: cosechar lo que está en la experiencia cotidiana de las mujeres, compartir información, experiencias y emociones, compartir lo que estamos viviendo y articularnos frente a luchas concretas, principalmente de resguardo de la democracia.Se trata de resistir con esperanza a través de la organización unitaria, una estrategia arraigada en nuestra memoria: desde el Movimiento Pro-Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), organización feminista surgida en los años 30, hasta la lucha por la “democracia en el país y en la casa” bajo la dictadura civil-militar.
*Por Teresa Valdés Echenique, coordinadora del Observatorio de Género y Equidad

