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Aída Moreno Reyes, fundadora y presidenta de la Casa de la Mujer Huamachuco: “Me gustaría que las mujeres se dieran cuenta de la importancia que tenemos”

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“Tengo 79 años, cinco hijos, cuatro varones y una mujer. Vivo en Renca aproximadamente unos 55 a 60 años”. Así comienza su historia Aída Moreno, presidenta y fundadora de la Casa de la Mujer Huamachuco. Ella llegó de Chanco a la capital en 1960 y se instaló en la comuna. Su activismo y vida social comenzarían años después.

En el contexto del golpe de Estado de 1973, Aída sacó la voz y se organizó con sus vecinas pobladoras. Las ollas comunes, talleres y otras actividades, fueron una alternativa para surgir. “Para mí, recordar esos años, a pesar que había mucha pobreza, eran muy felices porque había tanta solidaridad entre la gente, tanto creer en nosotras mismas”, rememora.

Aída se consideraba “el jamón del sándwich”, dado que el padre de sus hijos era dirigente sindical, pero ella recuerda esos momentos como un aprendizaje. “En mi casa se hacían las reuniones, yo escuchaba y decía, “¿por qué se darán tantas vueltas con este tema, si yo haría esto?” Pero a las mujeres nos tenían para servir el té. Aun así, para mí fue una gran escuela”.

Las mujeres fueron el músculo movilizador de la organización social de la época. Aída trae a la memoria cómo “el golpe militar nos repliega totalmente y los hombres cayeron en depresión, pero nosotras, las mujeres, no nos pudimos dar ese lujo porque teníamos que buscar formas de poder alimentar la familia”.

 El origen de la Casa de la Mujer

 El trabajo pronto rindió frutos, y Aída no olvida que “hicimos muchas cosas acá en la población, mucho adelanto. Por ejemplo, no había colegio, y nos tomamos un terreno que hoy es el liceo, y también una bodega que hoy es el Centro de Salud”.

“Yo saco garra con el entusiasmo de hacer cosas. Llegué a ser presidenta de una organización que se llamaba grupo de mujeres populares, después Nueva Esperanza”, cuenta Aída, y para 1989 se crea, con el apoyo de la Congregación Hermanas de la Misericordia, la Casa de la Mujer de Huamachuco, en un supermercado que estaba abandonado.

Este centro comunitario actualmente entrega formación y oportunidades a las mujeres del sector. A través de su trabajo, defienden y promocionan los derechos de las mujeres y la igualdad de género, sobre todo para las más vulnerables o víctimas de violencia de género.

Narrar el mundo

Entre las cosas que destacan de la participación femenina en la Casa de la Mujer, son las arpilleras que ellas aprendieron a hacer desde la época del golpe. Para Aída, esa expresión artística transmite la realidad de las mujeres de dos maneras: “Una, comunicar al mundo entero lo que pasaba, porque los curas sacaban las arpilleras para otros países, y dos, la capacidad de poder gestionar todo”.

“Con el trabajo de las arpilleras pudimos contar lo que pasaba y alimentábamos a las familias. Nos dio un protagonismo fuerte en crecimiento, porque el juntarse y compartir lo que pasaba se convirtieron en los mejores talleres”, dice Aída, enfatizando que las clases de arpillera fueron una catarsis para las pobladoras.

“Por ejemplo, la primera clase era entregar una hoja de papel y decir qué es lo que nos gustaría mostrar en esa arpillera. Y terminábamos todas llorando porque compartíamos nuestras historias: “yo no tengo agua en mi casa”, “mi marido está sin trabajo”. Fue hacer política desde nuestras historias, fue un crecimiento fuerte”, rememora con emoción.

Dar herramientas a las mujeres

Yo le dije a las mujeres que venía con mi cabeza llena de esperanzas, llena de ideas”, dice Aída. Ideas como las lavanderías populares: “imagínate tú que en una población pusieras una lavandería. Le das trabajo a muchas mujeres, y les permite una mejor calidad de vida a esta mujer que sale en la mañana, vuelve en la noche corriendo a su casa”.

Para la lideresa social, tener una mejor vida es un derecho para las mujeres, y con eso en mente muestra a Nada Sin Nosotras la guardería de la Casa, que presta un servicio integral. Así, niños y niñas llegan en furgón o las educadoras de párvulos se turnan y los van a buscar a sus hogares. Y en la tarde cuando la mamá los pasa a retirar, han comido y tienen sus tareas hechas. “Dime tú, ¿cuánto se les saca de carga a la mujer? Estamos luchando por la integridad de las y los niños, y la mejor calidad de vida para la mujer, que puedan estudiar, que puedan salir a trabajar, que puedan llegar a lograr algo mejor, pero desde ellas mismas”, explica Aída.

En esa misma línea, Aída señala que hay muchas universidades interesadas en trabajar con la Casa de la Mujer. “Nos preguntan “¿cómo les gustaría a ustedes que fuera el servicio más adelante?”. Y yo digo que crean en la capacidad de las mujeres y que la oportunidad sea para su desarrollo, no mandarlas al municipio a buscar un alimento”.

Aída es crítica respecto del sistema de ayuda social actual: “no debe ser algo como dar una limosna. Esa persona que va a pedir un alimento o una cama, está en un momento crítico, pero no la podemos mantener en esa misma situación, sino que tiene que relacionarse con las redes que hay, como por ejemplo municipios y organizaciones sociales”.

El futuro y los sueños

Para Aída, la Casa sigue creciendo, aunque “esta vida va a ser corta para hacer todo lo que se quiere hacer”. Sabe que la tecnología la dejó “abajo”, pero confía en las y los que vienen adelante.

La Casa tiene 36 años y “hay gente joven que ya está tomando el cargo», comenta, refiriéndose a su hija, Aída Barrera Moreno, que es directora ejecutiva de la institución y se ha preocupado de relacionarse con la juventud. “Tengo toda la esperanza de que va a ir mejorando, porque estamos en un momento en que vamos a traspasar la organización”, relata Aída, haciendo énfasis en que “la idea social va a quedar igual”.

En ese aspecto, Aída considera que el rol de las mujeres en el tejido social es fundamental. “A mí me gustaría que las mujeres se dieran cuenta de la importancia que tenemos. Porque somos las primeras que estamos frente a situaciones de emergencia como un incendio, o cuando una mujer ha sido golpeada. Quiero que las mujeres puedan atreverse, y que puedan perder ese miedo, que se nutran de esta experiencia”, reflexiona, pensando en el ejemplo de la Casa de la Mujer.

“Las mujeres deben mirar hacia afuera, qué es lo que pasa en su comunidad. Hay tantas cosas que podemos hacer y queremos que se atrevan”, profundiza, aclarando que en su discurso va la identidad de clase como eje fundamental. “Hay que tener claro de dónde partimos, tener conciencia de que nuestro trabajo vale igual que el del hombre. Tenemos que preocuparnos de educar a nuestra clase”, explica.

Finalmente, al recorrer la Casa de la Mujer, Aída saca cuentas alegres. “Imagínate, todo lo que hemos realizado de la nada, hemos logrado hacer tantas cosas. Mi sueño es ese, de creer que es posible, y de traspasar estos logros para que otras y otros crean en la capacidad de las mujeres”.

Por María José Vargas, periodista de Corporación Humana