Nada sin Nosotras: La conquista de la ciudadanía plena por y para las mujeres

Nada sin Nosotras se ha propuesto articular a diferentes sujetas políticas, feministas y movimientos sociales para incidir en el proceso que se abrió con el plebiscito del 25 de octubre y que concluirá con una nueva Constitución. Buscan que la diversidad de mujeres se encuentre representada en la Convención Constituyente y de esa forma conquistar un derecho, plantean, que el Estado de Chile adeuda con las que ya no están y con las que vivieron subyugadas a la desigualdad y discriminación de género. Con las ausentes que vivieron en manos de sus agresores y ante una institucionalidad que nos las protegió. Con las sobrevivientes de la violencia político sexual, la misma que hasta hace poco se encontraba invisibilizada. Con las trabajadoras precarizadas. Con las miles que actualmente deben realizar una doble carga laboral. Con quienes realizan trabajos de cuidados no remunerados. Y con toda esa diversidad de mujeres, converger en una marea que conquiste la ciudadanía plena de las mujeres.

En la plataforma Nada sin Nosotras han coincidido el Observatorio de Género y Equidad (OGE) y Corporación Humanas. Ambas organizaciones con una historia ligada a la lucha por los derechos humanos de las mujeres, emplazando de manera constante al Estado, para que éstos tengan un aseguramiento constitucional. Desde ambos espacios catalogan el proceso político y social en marcha como una bisagra histórica, que se debe ir a disputar desde una alianza feminista amplia que articule la movilización hasta el trabajo técnico jurídico. Hoy, emplazan a los partidos políticos a ceder cupos para la incorporación de mujeres feministas e independientes. También los interpelan respecto a los contenidos mínimos que debe tener la discusión constituyente. Sobre el estado actual de trabajo y sus proyecciones, se refieren Carolina Carrera de Corporación Humanas, psicóloga y actual secretaría de la directiva de su organización, y Tatiana Hernández, socióloga, encargada de metodología del OGE.

En Nada sin Nosotras, sostienen, se han recogido diferentes demandas históricas de los movimientos sociales de mujeres para transformarlos en los mínimos que deben ser incluidos en una nueva Constitución y que no pueden ser tranzados en eventuales negociaciones. En primer lugar, incluir el reconocimiento de los trabajos de cuidados no remunerados realizados por las mujeres. Ya no basta, aseguran, con visibilizar que aquella labor aporta al PIB nacional, sino que se debe garantizar una remuneración. Junto con una igualdad de género y vidas libres de violencia, con mecanismos institucionales concretos que aseguren esos derechos, incluyendo los sexuales y reproductivos.

«Entender que los cuidados son un asunto público y no algo que se produce entre privados. Las feministas ya logramos poner en la agenda de los estados, que la violencia no se da entre particulares sino que responde a causas estructurales generadas por un sistema de dominación. Con los cuidados debemos lograr lo mismo. Esto responde a un pacto sexual anterior a un acuerdo social, el desafío en una nueva Constitución es romper con eso. Para que exista un Estado que entienda que los cuidados son de resolución colectiva. Que se implemente una educación que transforme las voluntades de hombres y mujeres, ya que, si no hacemos este cambio desde la primera instancia, aunque tengamos una normativa espectacular, difícilmente vamos a tener el impacto para romper con la división sexual del trabajo», sostiene la socióloga Tatiana Hernández.

«También tenemos una mirada integral de lo que queremos de una nueva Constitución. Queremos descentralización, un estado plurinacional, mayor autonomía de las regiones si es que se mantiene esa figura. Que la descentralización vaya acompañada con igualdad, que no sea otra desigualdad. Debe existir una redistribución de los recursos para que no hayan zonas marginales y de exclusión. No queremos más un estado subsidiario. No queremos más que el neoliberalismo se encuentre constitucionalizado. Estamos en la discusión sobre qué modelo político queremos para el país. Nos hemos dado cuenta de los problemas que tiene el presidencialismo, estamos viendo qué modelo sería más apropiado», cuestiona Carolina Carrera desde Corporación Humanas.

Carolina cuenta que hasta ahora la recepción de los partidos de oposición ha sido positiva. En las reuniones han buscado conocer la estrategia que tienen para la incorporación de mujeres independientes: «Nuestra demanda es que sean mujeres feministas», dice. También han entrado a temas de reglamentos y contenidos en los que han manifestado: «No nos interesa que ustedes nos muestren las cosas una vez que están hechas, sino que construir en conjunto esos elementos.»

Tatiana Hernández por su parte deja claro qué tipo de feminismo han construido y aspiran consolidar en el futuro espacio constituyente: «En el siglo XXI no es posible pensar una Constitución sin el feminismo. Pero no con un feminismo liberal, ya que el sistema neoliberal ha llevado a la precarización. Patriarcado y neoliberalismo se retroalimentan, junto con un racismo brutal. Esos sistemas de dominación han tenido un impacto negativo sobre la diversidad de mujeres. Desde ahí debemos empezar a presionar».

“Primero tuvimos reuniones con las vicepresidencias y los frentes feministas de toda la oposición. Luego, con las presidencias de los partidos del Frente Amplio y Unidad Constituyente (DC, PPD, PS, PR, Ciudadanos y PRO). En todas estas conversaciones hemos integrado a organizaciones que tienen carácter nacional: la Coordinadora 8M, Anamuri, Asamblea Feminista Plurinacional, las mujeres de la CUT, sindicatos de trabajadoras de casa particular, entre otras. Hemos tratado de acercar un diálogo político y social con diferentes niveles”. En esas rondas de reuniones han dejado claro, dice Carolina Carrera, que el proceso se debe a la ciudadanía movilizada y a la capacidad de convocatoria de las feministas.

Carolina afirma que, ante el acotado tiempo previo a la inscripción de las candidaturas (11 de enero) es imperativo dejar de lado las diferencias. Este no sería el momento para buscar desmarcarse. Todo proceso eleccionario es una ocasión en la que los partidos políticos miden su fuerza a través de las urnas, pero la elección de constituyentes debiera seguir una lógica diferente al ser una elección excepcional. “Nuestro temor es que salgan más mujeres conservadoras porque los partidos políticos de la oposición no han sido capaces de llegar a un acuerdo mínimo de una lista, o sin son dos (listas), de cómo no competir. Cuestiones que son básicas (…) Si terminamos con cuatro listas no tendremos ninguna posibilidad de tener mayoría”.

Tatiana Hernández pone énfasis en que lo peor que le podría pasar a la Convención Constituyente Paritaria es que “se parezca al actual Congreso” y sesione a puertas cerradas“Las feministas debemos empujar para que este proceso sea lo más parecido a una Asamblea Constituyente, con la mayor vinculación posible con las mujeres de los territorios”.  Carolina Carrera complementa afirmando que «es muy importante, y es algo de lo que no se habla, el reglamento. Debemos desde ya conversar cómo vamos a incidir ahí. Es necesario que se establezca que sea lo más participativo posible. Que se puede sesionar en regiones, que hayan audiencias públicas, que se reciban las propuestas de las organizaciones».

Tatiana introduce el matiz de que no todo pasa por lo institucional. Existirían actualmente, desde el feminismo y el trabajo territorial, “diversas formas de organizar la vida” que deben continuar desarrollándose. Por eso es importante, cree, que no exista un reflujo social porque existen incipientes procesos de organización político social que deben seguir germinando. Por su parte, Carolina remarca la importancia de la política que emana desde esos espacios, enfatizando que los espacios de decisión deben dejar de ser monopolizados por tecnócratas y expertos: «Todas y todos tenemos derechos a este debate, porque estamos hablando de un pacto social. La gente que no milita y de los territorios tiene experiencias que las dirigencias de partidos políticos pueden que no tengan«.

“Sabemos que no va a ser fácil, que no se resuelve todo de un día para otro”, concluye Carrera. Hace referencia a los tiempos que tendrá el proceso, pero confía que el acompañamiento y asesoramiento que las organizaciones harán a las convencionales, rendirá frutos. Hernández complementa que pondrán todas sus herramientas y conocimientos para desplegarse en los diferentes momentos que tendrá el debate. Hasta el momento han generado dos insumos teóricos que son la base para ir a disputar contenidos.

Fondos para la competencia de feministas

No obstante, un tema que urge y que aún discuten, sin tener una clara solución, es al financiamiento de las campañas. Hasta ahora apuestan por aprovechar el potencial del movimiento feminista para desplegarse en los territorios, pero son conscientes que necesitan una estrategia de recaudación de fondos que permita a las candidatas independientes y feministas competir de la mejor forma posible. Nuevamente las condiciones económicas son una limitante en la participación, lo que hace peligrar el encauzamiento institucional de las demandas históricas de los movimientos de mujeres.

Ambas coinciden en la importancia de continuar la movilización para correr los márgenes de la discusión y que todas las actorías escuchen las demandas del movimiento social. Levantan la tesis de que no debe existir un repliegue de la movilización, porque la calle y el camino institucional serían complementarios. “La fuerza argumentativa es vital, pero cuando se dan las condiciones. Si las feministas hoy tenemos una posición que nos permite negociar nuestro derecho a estar en la Convención es por la fuerza que mostramos el 8 de marzo. No podemos renunciar a eso”, concluye Tatiana Hernández.

Por Daniel Meza Riquelme, periodista colaborador del Observatorio de Género y Equidad

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